jueves, 29 de noviembre de 2012



Introducción:
Según la RAE, la esclavitud es:
 1. adj. Dicho de una persona: Que carece de libertad por estar bajo el dominio de otra.
2. adj. Sometido rigurosa o fuertemente a un deber, pasión, afecto, vicio, etc., que priva de libertad.
 Sin embargo, en este trabajo voy a intentar tratar otro tipo de esclavitud, o mejor dicho, a ampliar sus límites teóricos hasta demostrar como las situaciones en las que se aplica el término son ínfimas en relación a aquellas en las que realmente se produce una sumisión.
Cuando mencionamos la palabra esclavitud, la cultura que hemos absorbido nos lleva a asociarlo directamente a unas imágenes que han alcanzado la categoría de tópicos. Africanos con cadenas marchando en galeras camino a Nueva Orleans, indios apaches convertidos en poco más que mano de obra prescindible para la construcción de una presa, nativos sudamericanos enviados a España como ofrenda… Y una lista tan larga como cruda.
La realidad es que en pleno siglo XXI, pocos reconocen(emos) ser esclavos en tan autodeterminado apogeo de la civilización. Pero si, por un momento, nos parásemos a pensar... ¿No es la esclavitud la dependencia hacia la benevolencia fingida de unas entidades bancarias con tal de poder habitar una casa? ¿Encontramos la libertad en el juego de la oferta y la demanda, la deuda, los créditos, las hipotecas, la manipulación informática por parte de intereses privados? ¿No es la esclavitud una sumisión? ¿No vivimos en una sumisión continua hacia miles de cosas que se nos escapan de las manos?
Ya llegaremos a todo esto, pero antes demos un paseo a través de la historia que quizá nos haga pensar sobre algunos aspectos del ser humano.
Evolución histórica.
Podríamos remontar los orígenes de la esclavitud a cuando los pueblos germanos conquistaron en el siglo V el Imperio romano de Occidente, pusieron también fin al ejército profesional romano y lo sustituyeron por los suyos propios, formados con guerreros que servían a sus caudillos por razones de honor y obtención de un botín. Vivían de la tierra y combatían a pie ya que, como luchaban cuerpo a cuerpo, no necesitaban emplear la caballería. Pero cuando los musulmanes, vikingos y magiares invadieron Europa en los siglos VIII, IX y X, los germanos se vieron incapaces de enfrentarse con unos ejércitos que se desplazaban con suma rapidez. Primero Carlos Martel en la Galia, después el rey Alfredo el Grande en Inglaterra y por último Enrique el Pajarero de Germania, cedieron caballos a algunos de sus soldados para repeler las incursiones sobre sus tierras. No parece que estas tropas combatieran a caballo; más bien tenían la posibilidad de perseguir a sus enemigos con mayor rapidez que a pie. No obstante, es probable que se produjeran acciones de caballería en este mismo periodo, al introducirse el uso de los estribos. Aproximadamente en el siglo XI.

   En la antigüedad  La esclavitud era una situación aceptada y a menudo esencial para                la economía y la sociedad de todas las civilizaciones antiguas. En la antigua Mesopotamia, India y China utilizaron esclavos en los hogares, en el comercio, en la construcción a gran escala y en la agricultura. Los antiguos egipcios los utilizaron para construir palacios reales y monumentos. Los antiguos hebreos también utilizaron esclavos, pero su religión les obligaba a liberar a los de su misma etnia en determinadas fechas. En las civilizaciones precolombinas (aztecas, incas y mayas) también se utilizaba a los esclavos en la agricultura y en el ejército.
En los poemas épicos de Homero, la esclavitud es el destino lógico de los prisioneros de guerra. Los filósofos griegos no consideraban la condición de esclavo como moralmente reprobable, a pesar de que Aristóteles proponía liberar a los esclavos fieles. En la antigua Grecia los esclavos, salvo raras excepciones, fueron tratados con consideración. Sin embargo, los ilotas de Esparta (descendientes de un pueblo conquistado y obligados a trabajar duramente en el campo y a luchar en los ejércitos espartanos) fueron tratados con severidad, principalmente debido a que se encontraban en mayor número que sus gobernantes. Por lo general los esclavos eran utilizados en el hogar, en el comercio, como trabajadores del campo y como marineros y remeros. Cuando trabajaban en el hogar normalmente el trato que recibían era muy familiar.
La esclavitud romana difería de la griega en varios aspectos importantes. Los romanos tenían más derechos sobre sus esclavos, incluido el legal sobre la vida y la muerte. La esclavitud también era mucho más necesaria para la economía y el sistema social de Roma, especialmente durante el periodo del Imperio, que en la antigua Grecia. Los romanos acomodados, que a menudo poseían grandes mansiones en la ciudad y en el campo, dependían de gran número de esclavos para mantener sus hogares y sus propiedades agrícolas. Las conquistas imperiales diezmaron los ejércitos romanos, de forma que se hizo necesario importar gran número de esclavos extranjeros para que realizaran el trabajo del campo. La principal fuente de esclavos era la guerra: decenas de miles de prisioneros de guerra fueron traídos a Roma como esclavos. Otras fuentes eran las personas convictas de crímenes graves y los deudores, que se vendían o vendían a miembros de su familia para pagar sus deudas.
En la edad media la adopción de la religión cristiana como religión oficial por el Imperio romano y su posterior difusión durante la edad media por Europa y parte de Oriente Próximo supuso un intento de mejora de las condiciones de los esclavos, aunque no consiguió eliminar la práctica de la esclavitud. Después de la caída del Imperio romano, durante las invasiones bárbaras entre los siglos V y X, la institución de la esclavitud se transformó en un sistema generalmente menos vinculante conocido como servidumbre.
El islam en el siglo VII reconoció desde un principio la institución de la esclavitud, aunque el profeta Mahoma exhortaba a sus seguidores que tuvieran un trato correcto para con los esclavos. En términos generales, los esclavos de los árabes, que en su mayoría realizaban trabajos domésticos, eran tratados con consideración.
En la era moderna la exploración de las costas de África, el descubrimiento de América por los españoles en el siglo XV y su colonización en los tres siglos siguientes impulsó de forma considerable el comercio moderno de esclavos. Portugal, que necesitaba trabajadores para el campo, fue el primer país europeo que cubrió su demanda de trabajo con la importación de esclavos. Los portugueses iniciaron esta práctica en 1444 y en 1460 ya importaban cada año de 700 a 800 esclavos procedentes de diferentes puntos de la costa africana. Éstos eran capturados por otros africanos y transportados a la costa occidental de África. Pronto España imitó esta práctica, aunque durante más de un siglo Portugal siguió monopolizando el comercio de esclavos africanos. Durante el siglo XV, los comerciantes árabes del norte de África enviaban esclavos de África central a mercados de Arabia, Irán e India.
En el siglo XVI los colonizadores españoles de Centroamérica obligaron a los indígenas a cultivar la tierra. Pero estos indígenas no estaban acostumbrados a vivir como esclavos y no podían sobrevivir en estas condiciones, en parte debido a su falta de inmunización contra las enfermedades europeas y a las duras condiciones de trabajo. Entonces se optó por importar a las colonias españolas esclavos africanos que se pensaba podrían soportar mejor el trabajo forzado bajo el clima de América Latina. La llegada masiva de esclavos a Brasil se inició en la segunda mitad del siglo XVI, pero ya en 1501 se registró la presencia de esclavos en Santo Domingo y otras islas del Caribe. La concesión de derechos en el tráfico de esclavos fue siempre una prerrogativa real.
A finales del siglo XVI, Inglaterra empezó a competir por el derecho a abastecer de esclavos a las colonias españolas, detentado hasta entonces por Portugal, Francia, Holanda y Dinamarca. A continuación las propias colonias inglesas compitieron por este mercado. En 1713 la British South Sea Company consiguió el derecho exclusivo de suministro de esclavos a las colonias españolas.
Los primeros esclavos africanos llegaron a Jamestown (Virginia) en 1619. Estos esclavos, traídos por los primeros corsarios ingleses, estaban sujetos a la llamada 'servidumbre limitada', una situación legal propia de los siervos blancos, negros e indígenas, que era precursora de la esclavitud en la mayoría de las colonias inglesas del Nuevo Mundo. Al principio el número de esclavos importados era pequeño, por lo que no pareció necesario definir su situación legal. Sin embargo, el reconocimiento legal de la esclavitud se produjo en Massachusetts en 1641, en Connecticut en 1650 y en Virginia en 1661, aunque estos estatutos se referían principalmente a los esclavos fugitivos.
Con el desarrollo en la segunda mitad del siglo XVII del sistema de plantaciones en las colonias del sur, el número de esclavos africanos importados como trabajadores del campo aumentó considerablemente y varias ciudades costeras del norte se convirtieron en centros de tráfico de esclavos. En las colonias del norte se solían utilizar los esclavos en el hogar y en el comercio y en las colonias del sur (donde la agricultura en las plantaciones era la ocupación principal) casi todos los esclavos eran utilizados para trabajar en ellas.
A medida que los esclavos africanos fueron adquiriendo una mayor relevancia en las colonias inglesas (especialmente en el sur, donde eran considerados fundamentales para la economía y la sociedad) se hizo necesario modificar la legislación correspondiente. En la guerra de la Independencia estadounidense (1776-1783) ya no eran siervos sino esclavos en el más amplio sentido de la palabra con una legislación que definía claramente su situación legal, política y social.
Los esclavos en Estados Unidos tenían algunos derechos, como el de asistencia en la vejez o en la enfermedad, el de una instrucción religiosa limitada y el de representación y defensa legal. La costumbre también confería a los hombres numerosos derechos (de propiedad privada, matrimonio, tiempo libre, capacidad de contratación) y a las mujeres un trabajo en el hogar o un trabajo liviano en la plantación que, sin embargo, el propietario no estaba obligado a respetar. En la práctica, los derechos humanos básicos a menudo no eran respetados. En ocasiones las esclavas eran violadas repetidamente por el dueño y se dividían las familias al vender a sus miembros a distintas plantaciones. Los malos tratos (como mutilación, marcado a fuego, encadenado y asesinato) estaban, en teoría, regulados o prohibidos por la ley, pero hasta el siglo XIX era muy frecuente el trato cruel hacia los esclavos.
Dinamarca fue el primer país europeo que abolió el comercio de esclavos en 1792, seguido de Gran Bretaña en 1807 y de Estados Unidos en 1808. En el Congreso de Viena de 1814, Gran Bretaña intentó convencer a otros países para que adoptaran políticas similares consiguiendo que casi todos los países europeos aprobaran una normativa al respecto o firmaran un tratado que prohibiera este tipo de tráfico. El Tratado de Ashburton de 1842 entre Gran Bretaña y Estados Unidos estableció el mantenimiento por parte de ambos países de fuerzas en la costa africana para vigilar el cumplimiento de la ley.
En 1845 la colaboración de las fuerzas navales de Inglaterra y Francia fue sustituida por el derecho mutuo de inspección de barcos para vigilar el cumplimiento de la normativa vigente. La limitación del suministro de esclavos condujo a una mejora de las condiciones de vida de los esclavos por parte de los dueños.
Los esclavos franceses obtuvieron la libertad en 1848 y los holandeses en 1863. La mayor parte de las nuevas repúblicas de Suramérica aprobaron la emancipación de los esclavos en sus actas de creación. Sólo en Brasil la esclavitud perduró hasta 1888.
En las guerras de independencia, la población negra en algunos países de la América española, se alineó simultáneamente del lado de los patriotas criollos, pero también formaron algunos contingentes en favor de los realistas. Así ocurrió en México, pero tanto el padre Miguel Hidalgo, como José María Morelos, proclamaron la abolición de la esclavitud y trataron de incorporar la población de origen africano a sus filas. En general, el proceso de abolición de la esclavitud, en los primeros años de las nuevas repúblicas, chocó con los intereses y las exigencias de las burguesías conservadoras, reacias a su aceptación.
En España, a pesar de repetidos intentos liberales, la abolición de la esclavitud sólo fue posible tras una serie de conflictos y tensiones especialmente en la Isla de Cuba, tras proclamarse la primera República, en 1872.

En el siglo XX hay que destacar Un avance importante, fue la celebración en 1926 de la Convención Internacional sobre la Esclavitud por parte de la Sociedad de Naciones. En esta convención se aprobó la supresión y prohibición del comercio de esclavos y la abolición de cualquier forma de esclavitud. Las propuestas surgidas de esta convención se confirmaron en la Declaración Universal de Derechos Humanos, adoptada por las Naciones Unidas en 1948.
En 1951 un comité de las Naciones Unidas sobre la esclavitud informó que esta práctica estaba disminuyendo rápidamente y que sólo quedaban vestigios en algunas partes del mundo (Mauritania fue el último país en abolir la esclavitud en 1980). El comité informó asimismo que un gran número de personas vivían aún bajo formas de servidumbre similares a la esclavitud. Estos tipos de servidumbre incluían la peonía, abusos surgidos en la adopción de niños y la entrega de mujeres en matrimonio sin su consentimiento. En 1956, y por recomendación del Comité, se celebró en Ginebra una conferencia a la que asistieron 51 países. La conferencia decidió celebrar una convención adicional sobre abolición de la esclavitud, comercio de esclavos e instituciones y prácticas similares a la esclavitud, que complementase la Convención de 1926. Esta nueva convención condenó las formas de servidumbre similares a la esclavitud y estableció penalizaciones para el comercio de esclavos.

Opinión personal.
Como ya he anticipado en la introducción, yo opino que no estar preso no significa ser libre.
Hay muchos matices en términos como esclavitud o libertad.
Yo podría decir que soy esclava del tabaco, de la música, de la rutina y de un centenar de cosas más…
A nivel personal, podemos incluso ser esclavos de nosotros mismos, de nuestros propios fantasmas del pasado, nuestra propia hipocresía, sugestión…
A nivel social, en una sociedad de títeres y titiriteros como la nuestra, es difícil cortar las cuerdas de las extremidades y vivir TU PROPIA vida. Pero no creo que sea imposible, y eso, me hace sentir mucho mejor.
A nivel psicológico podríamos achacar la esclavitud con el inmenso egoísmo que invade al ser humano, con la necesidad de algunas (muchas) personas de auto-realizarse mediante la devaluación del resto. La falta de empatía me parece un fenómeno que, por desgracia, cada vez se vuelve más común.
Para terminar con este trabajo voy a adjuntar uno de mis poemas favoritos.
Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de los nadies, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.

1 comentario:

  1. Lo personal es político, y por eso no creo que ese egoísmo del que hablas y la falta de empatía vengan de dentro de nosotrxs mismxs...Creo que tiene mucho que ver con esa estructura social de poder, de dominación y de control. Por eso creo que hay un trabajo constante que hacer para no dejarnos llevar por la cómodidad de "lo normal" e incluso por recuperar nuestras propias vidas de las garras de esa estructura social que nos esclaviza (con su parte psicológica, simbólica y emocional), a nosotrxs y al mundo del que formamos parte...
    Me ha gustado mucho esta entrada, la introducción me parece brutal.

    ¿Has presentado esto en tu instituto? ¡flipo!



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